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Legalizar, Regularizar o Normalizar la Prostitución

3 Palabras y conceptos que a menudo se confunden

Estos tres términos a menudo se confunden cuando hablamos del sector de la prostitución. Parte de esta confusión la provocan detractores del trabajo sexual que de forma consciente desean confundir a la opinión pública y por ello los mezclan a su antojo como si fueran intercambiables. Es por eso que creemos pertinente abordar este tema y aclarar conceptos que ayuden a sentar las bases de un debate más sincero y honesto entre las partes.

Legalizar implica que algo obtiene el estatus de forma y carácter legal y que por tanto se crean leyes y jurisprudencia para que hombres y mujeres puedan ejercer ciertas prácticas o derechos dentro de la sociedad sin que se les pueda, en principio, castigar por ello. Debemos entender que algo que sea legal no implica que sea necesariamente justo ni agradable, por ejemplo, la banca dispone de leyes que les permite ganar dinero a costa de sus clientes con unos intereses en muchos casos abusivos (hipotecas) y, para colmo, las regulaciones de esas leyes siempre les benefician gracias a su cercanía con el poder político.

Cuando se habla de legalizar la prostitución se está promoviendo la creación de leyes que definan el trabajo sexual y amparen tanto a prostitutas como a clientes en la decisión de ejercer o contratar servicios de tipo sexual de forma libre y voluntaria. Pensemos que ya hay ciertos trabajos sexuales que no son ilegales, como la venta de material sexual, la danza erótica y, el más conocido de todos, la pornografía.

Una vez la sociedad acuerda que ciertas prácticas son legales, aparece un nuevo nivel para que esas acciones o forma de actuar no solo se ajusten a la ley, sino que además sean beneficiosas para todas las partes que intervienen.  La regularización implica crear y establecer límites y reglas claras para el ejercicio de tareas, acciones o procedimientos, sexuales en este caso.

En lo pertinente a la prostitución, la regularización tiene dos matices diferenciados. El primero sería la acción de convertir a los hombres y mujeres que ejercen actualmente la prostitución en la clandestinidad en agentes reconocidos y tipificados. Es decir, darles la opción y el reconocimiento de trabajadores. En segundo lugar, la regularización debiera sentar unas bases consensuadas sobre como se debiera ejercer, qué limites tienen todos los agentes que intervienen y cómo deben vertebrarse esas relaciones comerciales y de servicio.

Por ejemplo, la regularización podría castigar a aquellos hombres que solicitaran sexo sin preservativo, podría sentar las bases para una correcta distribución de los ingresos entre escorts y clubs, o en casos más extremos delimitar áreas y formas claras de ejercer el trabajo sexual. La decisión sobre cómo ejercer esa regularización y por parte de quién sería el objeto de otro artículo.

Finalmente, la normalización constituiría el acto de integrar de forma natural una serie de acciones o ideas para que la sociedad las entienda como parte habitual y reconocible en su entorno. La normalización de ciertas actitudes no implica que estén reguladas ni que sean legales. Acciones ilegales y no reguladas pueden ser vistas con total permisividad y por ello normalizadas dentro de una sociedad, por ejemplo, entre 2000 y 2012 la sociedad normalizó las descargas ilegales de contenido audiovisual.  Decidir sobre si la prostitución está actualmente normalizada en nuestra sociedad sería objeto de otro artículo, pero digamos que des de esta página web creemos que no está normalizada y está, además lejos de estarlo.

Una normalización de la prostitución provocaría que parte de este sector que está actualmente escondido pudiera dar la cara libremente sin sentirse avergonzado por ello. Por ejemplo, fotógrafos eróticos, creadores de páginas web de contenido adulto, y algunos community managers.

La normalización es un paso importante y clave para este sector. Actualmente es el campo de batalla entre aquellos que están en contra y a favor de la legalización. Así como no se puede regular un sector que es ilegal, sí se puede normalizar un sector que sea ilegal. Normalizar provoca que la sociedad se acerque lentamente a la tolerancia de esos actos e incluso predispone a una actitud favorable, previo paso a la legalización. De ahí los motivos que llevaron a un gobierno socialista a ilegalizar un sindicato sexual hace unos meses. Su objetivo final era luchar contra la normalización del sector, en un acto perfectamente coordinado con asociaciones feministas. Fue un intento descarado de desprestigio al sector de la prostitución con todos los medios necesarios desde el poder y sin posibilidad de diálogo ni debate.

Si el sector de la prostitución quiere realmente legalizar su situación no tendrá más remedio que abordarlo desde el punto de vista de la normalización, presionando y ejerciendo cualquier tipo de acción que lleve a la sociedad a comprender y compartir los valores del sexo consentido y voluntario entre personas adultas. Tendrá que luchar en contra del rechazo frontal de muchos hombres y mujeres que no están dispuestos ni siquiera a escuchar argumentos a favor. Solamente un discurso pedagógico, insistente, activo y claro podrá calar lentamente en la sociedad; con el hándicap de que será lento y lesivo para el sector de la prostitución. Todo ello sin olvidar que deberá hacer concesiones y dejar reivindicaciones en el camino si desea llegar a un acuerdo que siente las bases para la legalización como fruto de un diálogo productivo.

Sobre el Autor: " Editorial Guia Adulta "

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Un Comentario

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  1. Totalmente de acuerdo con el artículo.
    Convendría matizar que hay elementos normalizados en la sociedad pero que nunca se legalizarán y el tema de putis creo que acabará siendo uno de ellos.

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