in ,

¿Qué Frena la Legalización la Prostitución? ¿Cómo Igualar el Debate?

Un Debate Desigual sin Signos de Mejora

Desde hace algunos años el debate sobre la regularización o legalización de la prostitución, sigue abierto y no parece que vaya a tener mucho más recorrido. Las posciones siguen enquistadas, perfectamente definidas, y sin elementos nuevos que lo enriquezcan.

El nuevo feminismo, el surgido con fuerza en volandas de movimientos como por ejemplo el #metoo, ha llegado para quedarse y aunque no haya puesto su foco en el sexo de pago todavía, lo acabará haciendo cuando llegue el momento oportuno. Cuando esto suceda (que lo hará) es probable que el impulso mediático termine por doblegar argumentos y el diálogo se silencie para dar paso memes, frases lapidarias y contenido viral.

Nos preguntamos cuáles son los elementos que están frenando significativamente el debate sobre la regularización antes de que este tsunami se acerque y enmudezca a los partidarios de la legalización.

Un Lobby sin Fuerza

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el «lobby» de la legalización de la prostitución es muy pequeño y no tiene ningún tipo de fuerza real por motivos obvios; falta de recursos, necesidad de privacidad etc. El principal escollo que se le presenta a este grupo que aboga por el camino de la legalización es que no tiene un enemigo ni único, ni homogéneo en frente.

En segundo lugar, no hay grandes datos sobre lo que realmente subyace en el mundo de la prostitución y por tanto, los Estados ( que están obligados por ley a luchar contra el comercio de mujeres ) se dedican a hacer el trabajo mínimo e indispensable sin ir más allá de todo aquello que pueda salir en los medios y dar buena prensa. Los Ayuntamientos, sin una ley clara, se han aferrado a ordenanzas cívicas que, aunque se niegue desde muchos colectivos, son una forma de extorsión y no solventan el problema tampoco. Porque el problema, mal que les pese a muchos, nos conduce siempre a la regularización y a la ley y a una cuestión de derechos fundamentales, libertad para ofrecer servicios sexuales, ¿sí o no? y bajo que condiciones.

El Estado Político de la Regularización

Frente a un grupo heterogéneo, disperso, y débil que se posiciona en favor de la legalización, nos encontramos en el sector de la izquierda con el grupo de mujeres pro feminismo mejor organizadas y acostumbradas a luchar por sus convicciones. Se niegan a aceptar que una mujer voluntariamente decida cobrar por un servicio de este tipo y pese que sus argumentos nos pueden parecer mejores o peores, seimpre los han esgrimido con convencimiento y fuerza.

Por otro lado, desde la derecha nos encontramos con el sector católico que por motivos religiosos, bajo ningún concepto dará cobijo moral a la prostitución ya que están ligados al sexto mandamiento y las leyes de Dios no son cuestionables. Valdría la pena valorar qué son actos impuros, pero como la religión no se puede juzgar bajo las creencias de la sociedad del siglo XXI, la posición de los católicos también resulta coherente y comprensible.

Y desde el centro nos enfrentamos a un sector como es el de los padres de familia con hijos, que no tienen una idea clara sobre la legalización, pero lo único que desean es que sus hijos no se acerquen a ese entorno, ni por delante ni por detrás. Por tanto se trata de otro sector que está obviamente en contra y no necesita una ideología política que justifique su rechazo o, como mínimo, su escepticismo.

Sin partido político que pueda abanderar un cambio y sin la colaboración de los medios estamos ante la tarea imposible de iniciar ni siquiera un debate.

Una Debate Desigual

Bajo estas premisas y sin un partido político que lidere el cambio, legalizar la prostitución no es solo una tarea complicada sino imposible. Por decirlo de forma fácil, el lobby de la legalización de la prostitución no tiene donde acercarse para solicitar amparo y ejercer presión. Esto se agrava cuando los medios de comunicación se dedican a publicar noticias donde se relaciona directamente prostitución con tráfico de mujeres. Por cada artículo en pro de la legalización, el sector más duro del feminismo te escribe 10 en las redes sociales como respuesta, con la única intención de ahogar las voces discrepantes y sin esgrimir argumentos nuevos.

Además, dar la cara para hablar en pro de la legalización tiene un coste social muy alto, mientras que escribir en contra ( que no es lo mismo que escribir en defensa de las prostitutas) sale demasiado barato. No es de extrañar que nadie quiera salir públicamente a razonar sus argumentos porque se ve expuesto al insulto y al acoso de los seguidores del pro feminismo, que intentan arrastrar el debate no a una cuestión de derechos y libertades, sino a una cuestión de dignidad y de opresión social por parte de nuevos y viejos enemigos como el machismo o el «patriarcado social».

El Origen de la Desigualdad en el Debate

Finalmente está el tema económico. El colectivo de prostitutas no da un paso claro y directo porque en la clandestinidad muchas viven bastante bien sin pagar impuestos y, quienes ganan dinero de verdad, saben perfectamente cómo maquillar esos ingresos. Existe un colectivo intermedio que no rinde cuentas al Estado y no tiene ninguna intención de hacerlo cuando se les ponen los números encima de la mesa.

El colectivo pierde fuerza y apoyos cuando se plantea la cuestión económica de la legalización. El anonimato de muchas de estas trabajadores sexuales alienta y crea desigualdad y enrarece el debate. Al contrario por ejemplo de lo que sucede con los trabajos de limpieza doméstica, nadie siente simpatía por la prostituta y la negativa a valorar su actividad como un actividad profesional parte de un rechazo social universal al concepto en sí mismo de la palabra «prostituirse«. Limpiar es digno, mientras que tener relaciones sexuales por dinero no lo es.

¿Cómo Romper esa Desigualdad?

No existen recetas ni fórmulas mágicas que puedan canviar o invertir la tendencia, pero es cierto que se podría profundizar en ciertos temas y obviar otros que, por desgracia no ayudan, sino que terjiversan el debate.

Para empezar estaría bien dejar de argumentar que la prostitución es una salida para las personas con menos recursos y rehuir de todo aquello que sugiera salir de la pobreza o luchar para poner un plato de comida en la mesa. El problema de esta bienintencionada racionalización es que los sectores feministas rapidamente lo equiparan con «robar para dar de comer» y se termina por demostrar que tal vez no merezca la pena prostuirse, sino buscar ayuda social en muchos de los casos.

En cambio, cuando la prostitución se equipara a un conjunto de derechos y libertades personales, el debate se transforma paulativamente en algo mucho más denso donde afloran las contradicciones de cada bando y aparecen la dudas. Estas dudas pueden usarse en beneficio del debate para enriquecerlo de verdad.

Los sectores pro legalización pueden encarar el debate bajo el mantra de que prostituirse forma parte de la libertad sexual de cada persona, que no hace daño a nadie y, además, como en el caso del aborto, nadie te obliga a prostiuirte ni a abortar. Se trata de dotar a las personas de los medios necesarios para que puedan realizar este tipo de situaciones con la mayor dignidad posible, sin ser juzgados, pero, eso sí, con cierto control y vigilancia por parte de los sectores de control del Estado para evitar abusos e injerencias perniciosas dentro del sector.

Finalmente se romperá la desigualdad en el debate cuando el sector de la prostitución logre encontrar representas que puedan ofrecer un rostro público, alquien con quien dialogar, debatir y, por desgracia, lanzar a los lobos para que los sectores en contra intenten devorarla públicamente. Tendrá que ser alguien con facilidad de palabra para realizar intercambio dialéctio, cierto carisma y por supuesto poder de convicción.

Mientras estas condiciones no se cumplan y mientras algo no sacuda fuertemente al sector de la prostitución, seguirá existiendo esa desiguldad tanto mediática, como legal que expone a un colectivo que vive demasiado bien en el limbo, que pospone lo inevitable y que, por desgracia, no se está preparando para afrontar el debate de la legalización o regularización porque en el anonimato y la transitoriedad se vive cómodamente.

Sobre el Autor: " Editorial Guia Adulta "

Las editoriales reflejan la opinión del medio o la organización que trabaja o contribuye para mantener esta web funcionando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 Consejos Útiles para Hombres Casados que Quieran Pagar a una Escort por Sexo

¿Qué Esperar en tu Primera Cita con una Escort?